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ISMN
Ref.
La presente edición de las cuatro piezas para violonchelo de Joan Pujol i Mateu se ha basado en los manuscritos que el Centro de Documentación del Orfeó Català (CEDOC) conserva en el Fondo Joan Pujol Mateu. Fueron las hijas de Joan Pujol las que dieron estas partituras al CEDOC en diciembre de 1953, para honrar el deseo de su padre.
La Melodia per a Violoncell (Estil segle XVII) es, cronológicamente hablando, la primera de las cuatro, y lleva dos fechas de composición. En lápiz consta la fecha de enero de 1929, que correspondería al borrador, mientras que debajo de la firma de la primera página, en tinta, consta en 1930, que entendemos que es la fecha de la versión definitiva. Está escrita para violonchelo con acompañamiento de órgano romántico, aunque la pieza también funciona con acompañamiento de armonio o de piano. La indicación «estilo siglo xvii» nos señala la voluntad -un poco fantasiosa- de Joan Pujol de evocar el espíritu barroco. Es una pieza lírica, muy expresiva y de aire religioso.
Sigue la Sardaneta per a Violoncell i piano, que es una obra fresca, vital, con fecha de composición de diciembre de 1931. Como augura el título, tiene la estructura y los elementos motívicos típicos de la sardana.
A continuación viene la Romàntica, peça musical per à Violoncell i Piano, que lleva como fecha de composición en 1932. La estructura de la pieza es la típica del lied ternario y, tal y como evoca el título, es muy expresiva.
La cuarta y última pieza es El borinot malaurat (El abejorro malogrado), con el subtítulo Allegro caracteristic per a Violoncell, una obra finalizada también en 1932. Este título, que exuda un sentido del humor bien simpático, recuerda el de El vuelo del abejorro de Rimski-Kórsakov, que es un fragmento instrumental de la ópera Skazka o Tsare Saltane que a menudo se ha arreglado para diversos instrumentos, también para violonchelo con acompañamiento de piano. Pujol toma la idea musical de una línea melódica llena de notas que imita el zumbido de un abejorro que vuela. El adjetivo desafortunado seguramente justifica las inesperadas irregularidades rítmicas del violonchelo.
Marc Renau y Marta Augé





















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